jueves, 3 de septiembre de 2026

Sobre la Amistad Real

 
Aquí con grandes amigos de la vida…


Siempre me he cuestionado si soy o no una buena amiga. Siempre me he sentido "ingrata" (hasta he escrito aquí al respecto) y no muy “buena amiga”.
Sin embargo,como decía mi psicóloga, que hoy me aconseja desde las nubes, con su recuerdo: "hay datos empíricos" qué demuestran lo contrario. 

Hay un cuento que me encanta leerle a los niños que cuido, que se llama "el Oso Ale es así".
Habla de un oso que es amigo de una coneja. Se quieren muchísimo, pero un día, la coneja deja de escuchar de él. Le manda cartas que no responde, y triste, piensa que su amigo la ha olvidado.
 
No contenta con la indiferencia del oso, decide ir a verlo y se encuentra con la sorpresa de que al llegar a su guarida, esta está cubierta de cuadros pintados por él, de los dos. Resulta que no respondía sus cartas ¡pero pensaba en ella todo el tiempo! 

Al enfrentarlo apenada por no contestar sus cartas, él le responde "es que SOY ASÍ"... 

Me acuerdo haber terminado ese cuento, la primera vez, con una sensación en la guata de identificación tan profunda con ese Ale... 
Fue casi sanador leer el cuento, que terminaba con recalcar la importancia de querer a las personas tal como son; de no querer cambiarlas según lo que uno cree que deberían ser...


Y es que el otro día en una conversación de sobremesa, mi abuela soltó "es que uno a veces es más amigo de las personas que uno de ellos", meaning que hay amistades "asimétricas", donde uno quiere más al otro. El típico caso de "es mi mejor amig@ pero yo no soy su mejor amig@". Y de esos casos hay cientos... miles... 
(Una de las cosas lindas de las redes sociales es que uno sí puede encontrar resonancia en ese tipo de cosas: miles de personas que han sentido algo similar; y este tipo de  sentimiento, es algo en lo que yo me he visto reflejada muchísimas veces, y lo he compartido en likes con miles de extraños)

Pero hay algo acerca de las "asimetrías" en la amistad, que creo que muchas veces no consideramos cuando pensamos en cuánto de nosotros ponemos (o merecemos recibir) en la "inversión" que es una amistad: el hecho de que TODOS SOMOS DIFERENTES. 

Tal como enseña el cuento, muchas veces esperamos un trato recíproco en las relaciones (y ni solo en la amistad). Nos cuestionamos si el otro haría por nosotros lo que nosotros estamos dispuestos a hacer por ellos. Pero ahí está el error, y muchas veces, en eso se asienta un dolor en muchas relaciones. Ese sentir que uno es menos querido porque no recibe lo mismo que entrega. 

Pero en las relaciones humanas, las balanzas no se miden con los mismos pesos, porque las personas no tenemos las mismas formas de expresarnos. No tenemos los mismos "love languages", ni las mismas formas de ver o de entender cómo querer. 
Me di cuenta que esperar a cambio lo mismo que uno entrega, podría ser hasta egoísta. Porque uno no es amigo sólo para recibir, o al menos eso pienso. Y creer que uno “tiene” que recibir lo mismo que uno entrega es a veces solo querer más para uno. Pienso en alguien que cocina bien, por ejemplo. Si prepara cosas ricas y muy elaboradas para sus amigos, esperar que ellos hagan lo mismo, cuando quizás no tienen las mismas habilidades, es egoísmo, o una extraña forma de envidia. 

Creo que lo más lindo es el poder alegrarse de compartir lo mejor de uno, sin esperar nada a cambio. Porque para mi la amistad tiene que ver con una conexión entre dos personas que sintonizan en algún área y que se benefician de acompañarse, según lo que son y pueden entregar. 

Yo pienso en mis amigos y lo mala que soy para mantenerme en contacto, pero pienso también lo que me alegro cuando sé de las cosas lindas que les pasan, y me preocupo de decírselos siempre. Pienso en preocuparme de saludarlos para su cumpleaños. Pienso simplemente, en preocuparme de no desaparecer de su vista, aunque a veces me vea lejos.

Porque me doy cuenta que cuando siento que me han necesitado, estoy. Lo más que puedo, y como mejor lo logre. Me doy cuenta de que las pesadillas qué tengo, (literalmente he tenido pesadillas donde mis amigos "dejan de quererme" o "se aburren de mi ingratitud”) son sólo miedos que no se basan en sentimientos reales. Porque me lo dicen. Me lo han dicho, más de una vez: "¿Cómo se te ocurre que eso va a pasar? Si yo siempre te voy a querer"

Y creo que la autoestima juega un gran rol. Porque uno no cree merecer el cariño, y se castiga por cosas que a veces no son importantes. 

Al final, como yo lo veo, aunque las amistades que siento más profundas a veces sean antiguas, y parezcan  haber "caducado", el cariño que siento por ellas no caduca, y aunque no siempre la reciprocidad sea la misma, yo nunca me voy a arrepentir por "querer de más". Y es que una de las cosas que siempre me ha costado aceptar, es eso de la muerte de las amistades. Porque para mi una amistad muere sólo si uno deja de querer. 

Sí es cierto que las amistades cambian en la adultez, que mutan. Que se sienten distinto, y que quizás hay duelos que aceptar. Pero para la mi personalmente, una amistad no muere. Toda persona que pase por mi corazón, por cursi que suene, deja ahí su huella, y quienes me conocen bien saben que con mi memoria de elefante, mis huellas no se borran, porque yo no olvido. Y me reúso a dejar de valorar mis huellas, desde mi infancia, mi vida escolar, universitaria y adulta; porque a quienes he sentido amigos, los sentiré amigos siempre. Porque son parte de mi vida y de mi historia. 

Así que si lees esto y alguna vez te sentiste mi amigo, siéntete interpelado, porque amig@, aún te quiero y eso no va a cambiar, y creo que ese es el sentido real de la amistad.


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