domingo, 11 de enero de 2026

El 2025: de las más grandes alegrías a las más oscuras penas y el descubrir de la Belleza del Plan Maestro

Hace mucho tiempo no escribía aquí. La verdad el 2025 fue un año muy especial para mi. Fue un año cargadísimo de regalos del alma. Viví el mejor viaje de mi vida –es verdad que siempre mis últimos viajes son “el mejor de mi vida” pero es que de algún modo siempre se superan – donde conocí a un montón de gente, visité países nuevos, practiqué idiomas nuevos, aumenté al doble mi calidad de tía, mi ser de Ñaña, con sobrinos nuevos por doquier y a pesar de todo, creo que fue la primera vez que de manera consciente, tuve ganas de no estar más.


Suena contradictorio pensar que alguien como yo, que vive repartiendo tarjetas de Gracias, que vibra constantemente con los niños que la rodean, que escribió un poema en tres partes, en tres idiomas distintos, hablando de lo linda que es la vida, de pronto sienta que esa misma vida carece de sentido. Suena loco, poco creíble o quizás hasta exagerado. Pero fue así. 


Mi año partió con un viaje a Europa, el lugar desde el cual según mi familia, irradió una alegría difícil de captar en mi hábitat natural. Y es que Europa para mí, es activar el asombro de Niño de un modo muy especial. 


Yo con ojos brillantes de felicidaden Barcelona

Cuando era niña yo siempre pensaba que me iba a casar a los 25 años, o iba a ser mamá a esas alturas. Creía también que nunca iba a conocer ni Europa ni Disney antes de estar casada, porque en mi mente, sólo “con mi propia familia” -porque en mi inocente concepción obvio que la adustez la iba a vivir casada- iba a tener la plata sufuciente para llegar a esos lugares. La vida me sorprendió por un lado con un viaje a Disney a los 14, con toda mi familia, y con mi primer viaje a Europa a los 19. Ambas experiencias se demoraron meses y hasta años en ser asimiladas como una realidad porque siempre fueron para mi, un regalo “imposible”. Quién iba a imaginar que antes de casarme, habría pasado por Europa ya cuatro veces, y que ahí me había encontrado en mi mejor versión.


Mi último viaje al viejo continente fue el más especial porque fue 100% frutto de mi esfuerzo personal, trabajando full-time como niñera. Fueron 46 días en los que mi única tarea, era disfrutar. No tenía ninguna obligación. No fui a trabajar, ni a un evento, ni a hacerme cargo de nada en particular. El viaje era un premio a mi perseverancia por cumplir una meta propia.

Mi meta la cumplí a tal cabalidad, que me sobró plata. Pude agregar destinos y hasta me dio para invitar a una nueva amiga a una obra de teatro en Londres (el destino de yapa que pude conocer sin haberlo planificado).


Volví de ese viaje con una alegría tan inmensa que no tuve depresión post viaje como sí la tuve dos años atrás, cuando lloraba, al volver y me decía “no quiero estar aquí, quiero estar en Europa”.


Esta vez, la gratitud era tanta que no podía sino estar feliz de todo lo que había vivido.


Sin embargo, el tiempo empezó a pasar y como es natural para alguien con un trastorno del ánimo como yo, mi ánimo empezó a decaer. Mi creatividad se esfumó, la inspiración me abandonó, las tarjetas de gratitud quedaron en pausa y la vida se volvió a convertir en una rutina repetitiva. No sentía que estaba deprimida. No sentía que había caído en un hoyo. Seguía siendo funcional, seguía siendo una buena niñera, puntual, atenta, creativa cuando era necesario en mi trabajo, paciente a pesar de muchas veces frustrarme por no lograr que algún niño se comportara como yo quería… Seguía funcionando “bien”, “estable”. Pero todo se volvió monótono.


La rutina se empezó a sentir pesada para mi alma. La falta de inspiración y creatividad hacían que me sintiera desconectada conmigo misma. Había dejado mañanas libres para crear y no lo estaba logrando. 

Empecé a volver a sentir, que la vida me pasaba por encima, que no estaba viviéndola. Mi mente empezó a recordarme que seguía sola. Que aún “nadie me quería”, que todavía no era mamá y ya estaba llegando a los 34 (cuando mi ideal eran los 25). Me empecé a dar cuenta, o a sentir, que el tiempo se me agotaba, que ya no era cosa de “esperar a que llegue alguien” porque ya no iba a tener tiempo. 

“Estoy bien”

Mi cabeza me empezó a recordar el fracaso de mi idea de ser mamá joven. Me empezó a sacar en cara de nuevo, que no estaba haciendo nada relacionado con la carrera que estudié, da la cual jamás me arrepentí. Sentí que estaba desperdiciando mi potencial profesional y creativo. Que era un fracaso por, a esta edad vivir con mis papás, por depender de ellos, por quitarles su posibilidad de privacidad, de despreocuparse de a la altura de la vida en que yo sola debería hacerme cargo de mi.


Sentí que la palabra “fracaso” era sinónimo de Germanita. Y cada pequeño “fracaso” en mi trabajo me hacía sentir que ni siquiera eso lo hacía bien. Cada vez que no lograba que un niño me hiciera caso, que sentía que no me respetaban, me decía a mi misma “ni siquiera eres tan buena para esto”. 


Me empecé a sentir prescindible. Pensaba que quizás lo mejor era que ya no estuviera más. Que eso era lo más fácil para todos. Que llorarían pero que era reemplazable. Tengo muchos hermanos y mis mejores amigos tienen otros mejores amigos. Sentía que no era “especial” para nadie. No tenía a nadie “mío”. Y no es una cosa de posesión, yo sé que nadie es de nadie, pero si yo no estaba, pensaba, nadie se va a quedar huérfano, nadie se va a quedar viudo, nadie se va a quedar sin hermana. A lo más se quedan sin niñera. Y me encontraba pensando esas cosas y las lloraba en silencio. Porque jamás me quitaría la vida. Respeto y creo demasiado que esa no es mi decisión pero si deseaba que algo me pasara. 


“Que me atropelle una micro, o no sé, algo en que nadie se sienta culpable. Que me caiga sin querer viendo la naturaleza o algo”…Y lo pensaba y al mismo tiempo me daba cuenta que pensarlo estaba mal; y me sentía culpable. No me lo permitía, pero el pensamiento seguía ahí. Uno no puede controlar lo que siente, y eso era lo que pasaba por mi cabeza. 


Tampoco quería preocupar a nadie, por lo que viví todo esto completamente en silencio y soledad. Lloraba al despertar y me secaba las lágrimas antes de que alguien me viera. No quería que se preocuparan por mi.


Creo que fue en ese momento que dio Herpes Zoster. Dicen que, este virus, que es una reactivación del bicho de la peste cristal que queda latente una vez que uno la padece, generalmente de niño, se activa cuando bajan las defensas por estrés o algo así. A mi me dio como por la espalda y al rededor de las costillas. Sentía mini puñaladas molestas y cuando me dijeron lo que era, me demoré en encontrar el sentido, “si no me había pasado nada especialmente estresante”. No había asimilado todo el daño que me estaba haciendo mi propia mente y sus ideas. A eso sumémosle que había dejado de ir a la psicóloga no por un alta, si no porque la última cita la agendamos mal y nunca la volvimos a reagendar y yo preferí “aprovechar de ahorrar”; más ahora que había tenido que invertir en mi cuidado dermatológico…


El herpes zoster fue la primera señal de alerta. Más que cuidarme de eso no hice nada más especial. Mi ánimo, supongo que naturalmente por las fluctuaciones anímicas propias de mi trastorno bipolar, fue aumentando. Las vivencias de los últimos meses del año ayudaron mucho. La llegada de mis sobrinos, ver a mi hermano, mi prima y a una de mis mejores amigas de papás por primera vez, a mi sobrinita de hermana mayor, me dieron motivos para alegrarme y volver a ver lo lindo de la vida.


Empecé a darme cuenta del impacto que tenía en los niños que cuido y he cuidado. Cuánto me quieren y los quiero. La confianza que han depositado en mi sus papás y cómo he tenido la oportunidad y el regalo de estar inmersa en intimidades familiares tan diferentes y de sentirme cercana a todas ellas.


El broche de oro fue diciembre. Mi cumpleaños y navidad. Los regalos que me hicieron “mis niños” y sus familias; el cariño que me mostraron. Una torta sorpresa y una virgencita enmarcada, una taza de girasoles, mi flor favorita, de parte de una de las familias a las que había dejado de ir (no porque no quisiese si no porque ya no me necesitaban). Un libro que buscaron especialmente para mi, más allá de encontrarlo agotado “porque era muy Germanita”; un primer “te quiero” de una de las niñitas que cuido; los abrazos de los amigos de los niños cuando me veían llegar; un ofrecimiento de contrato, porque lo merecía. Los abrazos de los niños. Diciembre fue “un mimo al alma”. Me recordó que sí soy importante. Que sí tengo un espacio en la vida. Que mi vida no tiene un poquito de sentido, tiene MUCHO sentido. 

Los regalos de diciembre de las familias con las que trabajo.
Todos, intensamente pensados y significativos me hicieron 
sentir ¡tan pero tan querida y valorada!

El último regalo de diciembre, fue reencontrarme con mis cosas del colegio. Con mi colección de diplomas de excelencia académica; con mi mejor diploma, el de mejor compañera en segundo medio, y ahí, en la misma carpeta, mi informe vocacional tomado el año 2007.  Lo leí de curiosa y fue como si Dios me pusiera en la cara su plan:


 “Tu tipo dominante es Artístico, lo que significa que privilegias las actividades creativas, que te permiten expresar tu estilo personal, destacándote por ser intuitiva, sensible, imaginativa y dispuesta a conocer tus sentimientos. Valoras la libertad de expresión, la estética, y los ideales relacionados con la trascendencia humana.


Tu tipo secundario es Social. Privilegias las actividades que implican relacionarse con personas, ya sea formar, educar, servir de guía. […] Te destacas por ser tolerante, abierta, intuitiva y empática […] Te preocupas por los problemas sociales y éticos y por resguardar los derechos de las personas.


Te sientes más cómoda en ambientes que estimulen tu imaginación, que te permitan mayor independencia y donde las tareas se desarrollen con mayor grado de flexibilidad que de estructuración.


En lo social se distingue la preocupación por el ser humano, el idealismo, la valoración de las relaciones interpersonales como fuente de ayuda y agente de cambio […] En este tipo de ambiente importa más la calidad que la cantidad*”


(*Esta última frase, es la razón por la que nunca he tenido ganas de ser educadora de párvulos o profe. Ser niñera me da esa opción de calidad vs cantidad. De tener una relación cercana y especial con cada niño, de una manera que difícilmente lograría con un montón de niños de manera simultánea…)


Que fuerte fue leerlo. Darme cuenta que estoy literalmente viviendo mi vocación. My “calling”. Eso a lo que vine a la Tierra. No estaba perdida, sólo me demoré en encontrar mi camino; o el camino fue más largo. Pero fue justo el que me trajo a  satisfacer todos mis anhelos vocacionales. Y mucho más que ser diseñadora de vestuario. 


El 2025, el de mi número favorito, me dio un 2026 entonces, con ese regalo. El de saber que estoy donde debo estar. El regalo de confiar en un plan que a ratos parece perder sentido pero que al mirarlo de lejos, se revela como lo que es. Un plan pensado, armado, por nuestra libertad, en, con, y de Amor. Porque me reafirmó que como canta Drexler (en la canción Plan Maestro)  “el AMOR es el plan, el amor es el plan, el Amor es el Plan Maestro”.

sábado, 14 de septiembre de 2024

La crisis de la imaginación y cómo combatirla (según mi experiencia cuidando niños)

Ilustración de Beatrice Blue intervenida  


Alguien me dijo alguna vez, quizás fue en mi propio colegio, no me acuerdo, que podría hacer talleres extraprogramáticos en el colegio donde trabajaba, o donde iba su hijo/a porque existían talleres impartidos por no-profes. 
Hace tiempo me preocupó real y profundamente que mi sobrina de 7 años me dijera que "no tenía imaginación". Que no sabía cómo jugar sola ni como inventar un dibujo porque no se le ocurría nada. A mi me pareció realmente catastrófico. De verdad. Cómo alguien de esa edad no iba a saber imaginar. Me preocupó en serio.

Cuidando niños me he dado cuenta que esto es muchísimo más común de lo que quisiera.

La semana pasada conocí a dos niñas que van a colegio montessori, (creí que con ellas sería menos probable) y me dijeron lo mismo. Que odiaban que les dijeran que imaginaran algo porque no sabían, o no se les ocurría nada. Puede no parecer tan grave, pero para mi, es gravísimo.

Y he visto en vivo, el porqué. Los niños están tan estimulados, que pareciera que les hace falta imaginar. Como si todo estuviese ya creado. Porque hay tanto entretenimiento prefabricado, que no necesitan imaginarlo ni crearlo. No tienen idea cuánto más hay por inventar y no parecen interesados en hacerlo.

En los cumpleaños los llenan de entretenedores, de juegos inflables, de animadores, de distracciones y entretenciones programadas. A los niños de hoy, les cuesta cada vez más entretenerse solos.

En los 90, cuando yo era niña, en los cumpleaños no había mucho más que globos, serpentinas, torta, bebida y comida chatarra como suflitos o papas tipo lays. Las naranjitas de jalea eran quizás lo más elaborado en la mayoría de los cumpleaños. No necesitábamos más.  
Hacíamos clubes, jugábamos juego de roles, inventábamos realidades mágicas. Hacíamos pociones mezclando jugos, bebidas y pétalos de flores. 
A los niños les bastaba una pelota y a las niñas una cuerda o un elástico. No veíamos tanta tele porque no había tanto para ver. Al principio el cable era caro y los que lo tenían podían ver  programas educativos o estimulantes como Art Attack, "Cómo y Por qué" o "Historias reales, niños reales". 
La tele nos enseñaba, o al menos discovery kids, mi favorito, a imaginar, a salir al mundo, a querer ser un héroe real para salir en ese programa de niños reales. 
No sólo veíamos Art Attack, intentábamos replicarlo. Aprendimos a usar el "engrudo especial" e intentábamos lograr lo que Neil, el animador, lograba. No sólo mirábamos como otro lo hacía (lo que hacen los niños que ven a gamers jugar en vez de jugar ellos mismos).

Éramos curiosos y nos cuestionábamos mucho más, porque sabíamos mucho menos.

Por eso yo, con los niños de mi vida, me esfuerzo especialmente en fomentar la imaginación y la creatividad. El amor por lo simple, por los bichitos, los pajaritos, por la naturaleza en general...
He enseñado a mis Apóstoles de María, niñas de entre 6 y 10 años aproximadamente, a jugar al elástico; con mis niños cuidados más grandes, hemos hecho competencias de aviones de papel, hemos jugado a los países, explorado la naturaleza, hecho experimentos... 
He montado con niños de todas las edades, en varias casas, fuertes de almohadas y frazadas, y hasta una vez, con mi sobrina tuvimos un desayuno bajo la mesa del comedor que prepararon unas hadas mágicas, que dejaron su huella de polvo de hadas, una noche mágica. 
Me ha tocado ver dinosaurios aparecer "magicamente" en una plaza de juegos y he visto a los ojos de sus dueños iluminarse al creer en la magia. 
Esa misma luz que veo en sus ojos y el orgullo que me da que mis niños (con los que trabajo de Mary Poppins, o con mis familiares) –ojo que también por la influencia de sus propios papás– sí tengan imaginación; sí sean capaces de ver en donde otros ven sólo aire, un mundo fantástico. 

Eso es lo que hace que mi trabajo como niñera tenga sentido. Porque la imaginación es importantísima para la vida. Es la base de la creatividad, y esta, la base del arte. Y un mundo sin arte es gris. Un mundo sin imaginación, además de aburrido, es triste y yo quiero para el futuro, un mundo de colores, de arte. Un mundo feliz. 

Que no nos sea indiferente la falta de la imaginación. Pongámonos las pilas. Eduquemos a nuestros niños con menos pantallas y con más juego, con más arte. Criemos niños curiosos, que busquen respuestas no sólo en internet. Vayamos a los museos. Juguemos con ellos al aire libre, que como dice una sabia canción de niños "Apaga la compu, la tele y abre la ventana. Que no hay pantalla más verdadera y más sana" [Abre la ventana - Dúo Karma]

Ilustración de Alessia Girassole

Y si vemos tele que no sea cualquier basura para dejar a los niños tranquilos y callados. 
Televisión Nacional hizo, en la pandemia, con NTV un muy buen trabajo. Encontré en ese canal, el mismo estilo de programas que veía yo de niña. Programas para aprender de animales, de las profesiones, del espacio (con gente como el Profe Maza) y además, en este caso, hechos en Chile, qué mejor que ver algo en nuestro propio 'idioma'...siento que no se conoce o no lo han sabido aprovechar lo suficiente los niños de hoy...

Empecé este escrito, inicialmente, sólo como una historia de instagram para era encontrar a quién me había propuesto lo de los talleres, porque me ENCANTARÍA hacer un taller de imaginación, para aportar con mi granito, a combatir aunque sea de a poco, esta epidemia de falta de imaginación y creatividad. 
Haríamos cuentos inventados con personajes aleatorios; paseos de aventura para descubrir la naturaleza, manualidades y experimentos... Material y experiencias tengo muchos. Y no me cabe duda que haría tan felices a los niños, como a mi...
Así que me ofrezco. Soy materia dispuesta para quien quiera contratarme para eso. Como he dicho ya un montón de veces, descubrí que mi verdadera vocación no era tanto el diseño como sí siento que lo es la creatividad. Y la imaginación tiene TODO que ver con eso. Así que si a alguien le tinca un taller así, no sólo ayudaría a los niños, si no también a mi, a ejercer mi vocación, que como yo lo entiendo, desde mi educación y creencias, es para lo que fui creada...

jueves, 18 de enero de 2024

¿Es ser homosexual anti-natural? Lo que dice la Biblia, la Iglesia y lo que pienso (y siento) yo



Primero que todo, quiero invitar a quienes no son religiosos, a abrir su mente y corazón y tomarse el tiempo de leer lo que voy a escribir. Quizás les haga sentido y quizás no. Quizás me juzguen por ello o quizás empaticen conmigo. 

A los religiosos, les pido lo mismo. Que me lean con el corazón y la mente abiertos, y hasta el final. Quizás su visión sea como la mía. Quizás sea opuesta. De cualquier modo, me encantaría que me respondieran de sus opiniones y sentires. 

Creo que este tema, que va a finalmente terminar siendo sobre la homosexualidad, es uno que vale la pena ser conversado, porque en la actualidad es muy relevante, y pasa a transformarse en la base de una serie de conductas que dictan, al día de hoy, la forma en que nos tratamos como seres humanos. Hablar de cómo vemos este tema nos obliga a hablar de la tolerancia y la empatía, y quisiera de corazón, que la conversación se centrara en eso.

Ahora voy con mis puntos y mis dudas, todas ellas nacen tanto de mi amor a Dios, como de mi formación religiosa en la Iglesia Católica, en la que creo profundamente (a pesar de su humana e imperfecta historia).


1. ¿Es el Papa Francisco, y sus últimas declaraciones, un reflejo de cómo el demonio se ha ido colando en nuestro mundo?

Todos saben lo católica que soy, por lo tanto, no debería sorprenderles que siga a la iglesia en diversas formas. Las redes sociales no son la excepción y la verdad, no basta seguir cosas católicas para enterarse de lo que pasa en el Vaticano. 

No tienen idea la cantidad de comentarios que he leído acerca de lo "lejos de la Biblia" que está Francisco. Cuánta gente lo condena por "no seguirla" tan sólo por hablar de ACEPTAR, la diversidad de tendencias, preferencias o atracción sexuales.

Ahora esto de "aceptar la diversidad de tendencias sexuales" claro que está muy lejos de lo que uno siempre ha asociado a la Iglesia; sin embargo, el aceptar estas tendencias, sólo habla, en código Cristo, de aceptar la universalidad de la que está compuesta la humanidad. Habla directamente de amar al prójimo, con todo lo que sea y traiga, sin excepción.

Es cierto que la Iglesia condena, por ejemplo, el acto de la homosexualidad, el practicarla (más adelante voy a hablar de por qué me hace ruido el condenarla), pero no condena a las personas con tendencia homosexual.

La Iglesia en su catecismo (sus reglas, básicamente) habla de que las personas homosexuales EXISTEN. Y que están llamadas, por ir "en contra de la ley natural" (otra vez, hablaré de esto más adelante) a la castidad. Se habla de que estas personas han sido cargadas con una cruz muy pesada, y son llamados a cargarla, evitando así toda práctica que "concretice" estas tendencias.

Con esto, quiero sólo aclarar, que finalmente, el mensaje de Cristo, es AMAR a todos, y que basando nuestra fe católica en ese mensaje, sería inconsecuente condenar a quienes por naturaleza (se considere o no desviada) tienen una tendencia distinta a la tradicional. Es decir, lo anti-bíblico, sería finalmente, juzgar, o "no amar" a esas personas, basado en sus tendencias o instintos. 




2. La Biblia condena los actos homosexuales.

Quienes practican el catolicismo, saben que nosotros, los católicos no somos de sabernos de memoria la biblia. Saben que la importancia que le damos a las Sagradas Escrituras tienen más que ver con llevar su mensaje en nuestro día a día que aprenderse el texto literal de memoria.

Por eso, antes de escribir esto, busqué en la Biblia, dónde se condenaban los actos de esta índole o qué es lo que dice la misma, que hace que tantos cristianos la entiendan como un llamado a rechazar todo acto o tipo de referencias a la homosexualidad.

Del antiguo testamento, se habla de Sodoma y Gomorra, dos ciudades que fueron destruidas por Dios porque su gente vivía en el pecado.

En mi memoria eran ciudades donde reinaba la lujuria. Yo me imaginaba literal una mega orgía, con una sexualidad exacerbada, donde se hablaba y practicaba la homosexualidad de manera desenfrenada; entonces me fui a buscar el texto literal. Y me encontré con que no mencionan jamás el concepto.

Todo el lío, es una especulación, al final, acerca de lo que quiso decir un texto escrito hace más de dos mil años. Un texto por supuesto respetable, pero lleno de metáforas, en el que se habla de la creación del mundo de una manera que descarta cualquier tipo de evolución, si se le toma literal, y eso es algo que los católicos no hacemos (soy consciente que muchas otras religiones lo hacen).

Nosotros creemos en la ciencia, en la existencia de los dinosaurios, en la evolución estudiada por Darwin, y si creyeramos en el Antiguo Testamento de forma literal, nada de eso cabría en nuestro razonamiento.

Volviendo a Sodoma y Gomorra, siempre pensaba, antes de ir al texto, que probablemente lo que condenaba, más que la homosexualidad misma (porque realmente no me cabe que Dios juzgue la atracción intrínseca de alguien por una persona del mismo sexo sólo por existir) era la lujuria. Era la sexualidad usada no como un acto "sagrado" sino como una rendición ante nuestros más animalísticos instintos. Me imaginaba que seguramente, lo malo de esas ciudades, era que habían caído en las tentaciones "de la carne" que podrían considerarse como una falta a nuestra humanidad, que debiera ser capaz de estar por sobre nuestro instinto animal.

Y lo que me encontré al leer el pasaje de la Biblia, es una condena al desorden, pero bastante vaga.

Sodoma en llamas 

Se menciona varias veces que Yaveh, Dios estaba enojado con esos pueblos pero no dice expresamente nada de la homosexualidad persé. Algo que podría dar luces de la perversión que representan estás ciudades destruidas por el mismo Dios, según entonces, la tradición judeocristiana, es el siguiente texto:

«He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no tendió la mano al afligido y al mendigo. Y se llenaron de soberbia y abominaron de mi Ley.»

Ezequiel 16:49-50

Se habla de que Sodoma era un lugar donde finalmente, el pecado tenía que ver con la falta de amor al prójimo, y en la interpretación según lo que leí, finalmente toda condena al acto sexual sin trasfondo más que el del placer vacío, conlleva una falta en contra del prójimo, o del propio cuerpo, templo de Dios.

Entonces, ¿es la homosexualidad realmente lo condenado en la Biblia? ¿O es la sumisión desmedida a los instintos carnales, sin perjuicio de lo que significan para nuestra humanidad y su valor sagrado?

Para mí es totalmente lo segundo. 


3. La Homosexualidad es anti-natural. Va en contra de la naturaleza del hombre, por eso la relación matrimonial, debe ser siempre, en función de nuestra Naturaleza Creada, entre un hombre y una mujer.


Este punto me parece súper interesante, porque aquí, yo difiero un montón con la visión de mi Iglesia. Y debo decir que no fue siempre así. 

Cuando estaba en el colegio, mi visión de la homosexualidad era muy cerrada. Para mí eso era algo antinatura. Una desviación errada. 

Me acuerdo de haberlo discutido con la Mota, una profesora de costura que tuve antes de entrar a la U, que para mí, en ese entonces, era muy liberal.

Mi yo conservador de 18 años decía que no debería existir el matrimonio ente personas del mismo sexo porque no era natural. Ella me refutaba que no tenía por qué no existir. Yo decía, que un matrimonio así no podía "dar frutos", que esa era uno de los fines del matrimonio.

Ella me hizo una pregunta que me hizo cuestionarme las cosas como no lo había hecho antes...

Me preguntó si la gente con síndrome de down tenía derecho a enamorarse, porque ellos tampoco podían tener hijos (acabo de investigar que sí pueden pero es muy difícil, más si ambos padres tienen el sidrome) 

En fin, eso me quedó dando vueltas, y entonces pensé en la gente infértil. Y ya perdió sentido mi primer argumento. Si el acto sexual y/o el matrimonio estuvieran condicionados por la posibilidad de procrear, entonces las personas infértiles, en teoría, tampoco deberían casarse. Absurdo, ¿no?

Cabe destacar, que mi yo de 18 años no conocía a ninguna persona homosexual. Al menos no salida del closet, por lo que realmente no tenía idea de la realidad de alguien "diverso" sexualmente y eso me hacía tener menos empatía.

Quiero pedir públicamente, que no juzguen a mi yo adolescente. Yo soy un producto de cómo crecí y cómo fui educada y todo lo que pienso y soy, es producto de haber pensado y vivido todo lo que viví. Y me siento orgullosa de siempre haber sido fiel a mis ideas, y que eso significara también, cambiarlas cuando me dejaran de hacer sentido... 

Además, ayer leí una frase que me encantó:

"El pasado es otro país, ahí se hacen las cosas diferente". Y es tal cual. Mi pasado es totalmente otro país...

Ahora, sobre lo anti-natural... ¿Es realmente algo anti-natural, algo que se encuentra vastamente en la Naturaleza? No son acaso, parte de nuestra naturaleza, nuestros instintos. Si es así, ¿cómo un instinto va a ser anti-natural?

Y si volvemos al tema de la procreación, de la fertilidad y hasta del mismo acto sexual; creo que reducir al ser humano a la parte sexual también está mal. Somos seres sexuales, sí. Pero somos mucho más que eso. 

Reducir las relaciones humanas sólo al plano sexual, sólo a la posibilidad de reproducción, me parece centrar la humanidad completa en algo que es sólo una parte de ella.

Ser "humano" es mucho más profundo que de quién me enamoro. La experiencia humana es vastamente superior a la pura sexualidad, pero esta es también, parte fundamental de nosotros. Es parte de nuestro ser tanto humano, como animal. Porque somos, biológicamente, animales. Y como animales, existe en nosotros un instinto natural. Entonces, ¿Qué es lo natural? ¿Obedecer a nuestra naturaleza animal o a nuestra naturaleza humana? ¿Acaso quienes aman a alguien de su mismo sexo, sólo obedencen a su naturaleza animal? Y es que para mí, NO. 

Cuando se ama, cuando se ama de verdad, se ama con todos los instintos. Y lo humano, en amar, siempre prevalece. ¿No es acaso más natural, más humano, AMAR en profundidad a un otro? ¿Por qué el AMOR de algunas se juzga por a quién se dirige? Lo juzgable, debiera ser la calidad del amor. La pureza con que se ama. Para mi el mensaje de Cristo está ahí. En amar por sobre todas las cosas, en amar a Dios, en amar al Amor, y en ver ese Amor en otros y ejercerlo con todas nuestras fuerzas.

Además siempre he pensado, ¿Cuál es la alternativa? ¿Que la gente homosexual se quede sola, o que se casen entre personas que no se aman? ¿Cómo amar genuinamente a alguien de tu mismo sexo no va a ser mejor que no amar a nadie?…

En fin, lo que yo creo, es que Dios nos ama. Que Jesús vino a aclararnos que su amor no tiene límites y para mí, amar, nunca puede ser malo, si no haces daño amando...

Puede que, y ojalá así sea, muchos tengan cosas que refutarme, o quizás no. Pero por favor, háganlo. Quiero abrir el diálogo, porque creo que es importante…

Hace mucho que tenía ganas de escribir de esto, porque ya es mucha gente la que quiero mucho y que ha sufrido por ser juzgada (o por el miedo a serlo) por amar "a quien no debería amar". 

Es mucha la gente que conozco, también, que ama a Dios por sobre todo, que da su vida por Él y que se siente juzgada por otros que también dicen amarlo. Gente católica, que ama a una iglesia que muchas veces los rechaza. A todos ellos, ustedes saben quiénes son. Los quiero, admiro y abrazo por su valentía de vivir una vida tantas veces en contra de la corriente. 

Y al Papa, que nunca va a leer esto: GRACIAS. Gracias por querer abrir la Iglesia, por centrarse en el mensaje de un Cristo Humilde, buen Pastor, que ama a cada una de sus ovejas sin excepción ni límites y que ha luchado contra críticas de su propio mundo y del externo, por ser fiel al mensaje de amor que Jesús nos vino a enseñar.




martes, 2 de mayo de 2023

Mi salud mental y yo: de la “normalidad” a la bipolaridad

Ayer empezó el mes de la salud mental en USA, que hay día y mes de todo pero me agarro de eso para hacer mi aporte. Siempre me pasa que pienso “debería escribir en el día mundial contra el suicidio” o “debería publicar algo el día de la bipolaridad” y nunca lo hago. O porque se me pasa o porque Justo no estoy inspirada pero ahora sí quiero poner un granito en la discusión (o continuar haciéndolo).

Siempre digo “esto es lo más importante que he escrito pero es que cada vez supero en importancia mis escritos anteriores, y para mi las conciencias tanto de la gratitud como de la salud mental son, efectivamente, lo más importante que sale de “mi pluma”. Así que parto…

Mi historia con la salud mental empieza mucho antes de la crisis que desencadenó mi bipolaridad. Sólo que antes de eso, mis rollos eran más emocionales que químicos  o anímicos. 

Yo no me di cuenta hasta grande de lo que me pasaba de niña. En mi caso, he lidiado toda la vida con inseguridades y con una autoestima la verdad extremadamente baja. Y todo por no sentirme suficiente. Suficientemente linda, suficientemente hábil para los deportes, suficientemente sociable o hasta suficientemente buena, a pesar de ser la epítome de una “niña buena” creciendo.

La  primera vez que sentí esto último fue una que estábamos en el mall con mi mamá de niños y como siempre, ella nos hacía numerarnos para asegurarnos que estuviésemos todos. Decíamos entonces nuestro número antes de bajar del auto, y una vez arriba, al final de un paseo. Mi mamá siempre decía que no tenía niños de sobra para perdernos, y que por eso nos contaba.

No sé qué edad habré tenido, seguro era una niña, pero le dije a mi mamá inocentemente “deberíamos tener un hermano robot para que haya un niño extra, para que se pueda perder”. La cara y respuesta de desaprobación de mi mamá al escuchar mi idea fue tal, que nunca se me olvidó. Íbamos en una escalera mecánica y me dieron ganas de llorar, y me odié por tener una idea tan cruel que generara esa reacción en mi mamá. No sé si ella sepa esta historia porque es algo que guardé en el corazón sólo como un archivo de lo “mala” que podría llegar a ser. O así me sentí al menos. Tal vez se lo conté, no lo sé la verdad.

Otra vez me pasó, era creo que quinto básico. Vivíamos a un paso de peatones del colegio. Mi amiga Yuyú estaba de visita en Viña y a la hora de almuerzo la invité a mi casa. Había espinacas. Esta vez no recuerdo qué fue lo que dije, pero hice algún comentario que otra vez generó es mi mamá la misma mirada de desaprobación. Y no quiero que la culPochidad (la culpa que la Pochi, mi mamá, suele sentir) ataque y que mamá, cuando leas esto te sientas culpable, porque seguro fueron reacciones naturales y “dignas” de ser, pero ahí me doy cuenta lo importante que ha sido para mi siempre tener la aprobación de mi mamá. Ni siquiera porque me lo exigiera, sino porque la admiro tanto, que siempre he querido ser como ella, y estas cosas me hacían sentir lo lejos que estaba de lograrlo. O así lo veía mi ser más joven… Y bueno, volviendo al almuerzo, no sé qué habré dicho, pero me dio la misma sensación que en las escaleras mecánicas, una culpa y un odio tan grandes, que me hicieron odiarme por un momento. Esa fue la primera vez que “me hice daño” como “coping mechanism”. En la misma mesa, tomé llena de rabia conmigo misma un tenedor, y sin que nadie me viera me hice en la mano una especie de marca del Indio. Fue una forma de castigarme, supongo, por “ser tan mala”. Lo más loco era la naturalidad con la que hablaba de la cicatriz que me dejé. Creo que fue el primer indicio de mi inestabilidad. 


Esta Germanita orgullosa de ser la con mejores notas 

ya se odiaba un poquito a sí misma 



Me acuerdo perfecto cuando en la mesa, el Tío Nelson, el papá de mi mejor amiga me preguntó que me había pasado en la mano, y yo le respondí como si fuera normal “me la rompí con un tenedor….es que me enojé conmigo y me rompí”…

Después me di cuenta que eso se llamaba “auto-castigo” y que esa no era la única forma en que yo ejercía esa práctica. 

Quienes me conocen bien, saben que me como las uñas hasta el día de hoy. Un día descubrí que la forma en que lo hago yo, se llama “onicofagia”. Y es un nivel de comerse las uñas tan intenso, que pasa a ser trastorno, porque está ligado a la ansiedad y al autocastigo. A mi me han dolido los dedos, me he sacado sangre en mis peores momentos con la onicofagia, y la única vez que logré estar más de un mes sin morderme las uñas, fue un mes en el que estaba ultra estable emocionalmente. En un buen lugar con mis amigos y con mi trabajo. Era tal lo bien que me sentía que recuerdo perfecto la fecha: noviembre de 2021. Nunca he vuelto a lograrlo, pero esa vez me demostré capaz de vencer mi usual falta de fuerza de voluntad (otra de las cosas que me hacen quererme poco…)

Le mostraba a mis amigas con mucho orgullo mis manos con uñas reales largas. Creo que fue un hito en mi vida lograrlo, a pesar de que después volví a comerme las uñas y sigo haciéndolo hasta hoy, porque me demostré que era capaz y eso era suficiente para quererme un poquito más…


En fin, todo esto del odio a mi misma que pasó desde mi infancia a mi adolescencia y de lo que todavía quedan vestigios que sigo trabajando con mi psicóloga, fueron los primeros signos de mis “temas” con la salud mental. 

Después descubrí que pasar de largo en un día de clases escolares por hacerle una sorpresa para el día del papá/mamá o para los cumpleaños, tampoco era normal. Al parecer ahí yacían los primeros vestigios de lo que después entendería como mi lado maniaco. Sin embargo, nada de esto era para mi evidente siendo más chica. 

A pesar de mi auto-odio, siempre me sentí dentro de todo “normal”. Tanto así que juzgaba mal a quienes hablaban de salud mental sin tapujos. No entendía cómo no les daba vergüenza a mis compañeras de electivo artístico hablar de sus idas al psicólogo. Si eso era como demostrar que “estabai loco”. ¡Imagínense el nivel de ignorancia! 

Yo era del tipo de personas por las que escribo estas cosas hoy. Y no me di cuenta de lo dañino que era ser así hasta que me tocó a mi ser “la loca”. Me dolía el alma pensar que alguien me juzgara como yo lo hacía antes. Por eso decidí desde temprano que iba a hacer público mi diagnóstico de bipolaridad cuando me lo dieron.

No fue nada fácil, ni enfrentar mi propio prejuicio con la enfermedad, ni dejar de preocuparme por lo que pensaran de mi. Mi ex (que por mucho tiempo "me odiaba") me advirtió una vez que sus amigos le estaban comentando que "¿qué onda yo?", que por algún video que subí, “parecía loca”. Que según él "yo le importaba” y que le preocupaba que pensaran que estaba loca. Creo que le importaba más a él esto, porque yo lo ignoré. Yo había decidido expresamente compartir “mi locura” precisamente para que se dejara de tildar de “locos” de forma despectiva a gente como yo.

Como decía, no fue nada fácil aceptar mi diagnóstico, aún después de llevar más de dos años buscando encontrarlo. Me acuerdo que por un lado fue un alivio saber qué era lo que tenía, ponerle nombre a mi trastorno; pero por otro lado enfrentar el estigma de la bipolaridad, acompañado de una frustración inicial al no saber “cuál era la verdadera Germanita”, no fue nada fácil. El diagnóstico vino acompañado de mucho llanto. El mismo llanto que surgía cada vez que sin entender qué me había pasado ese marzo de 2010, cuando tuve la crisis que me cambió la vida, le preguntaba a Dios por qué me había pasado esto. Por qué me castigaba, sin odiarlo, pero sin entenderlo, si yo había sido buena; si me portaba bien, hacía caso, no mentía, tenía buenas notas. Había crecido haciendo “todo bien”…

Hoy, lo que en un principio veía como una cruz pesada, es una cruz florecida. Todo lo que soy se lo debo a la vida que he tenido. Todas las experiencias que he vivido se las debo a ser bipolar básicamente…



Así veo yo mi bipolaridad, como una cruz florecida



Mi Proyecto Gratitud no existiría sin mi lado creativo-maniaco que me dio la seguridad para entregar las primeras tarjetas. Mi inestabilidad emocional que hizo que me costara tanto sacar mi carrera hizo que yo llegara a trabajar en Plástica. Eso me llevó, al quedarme sin trabajo con la pandemia, a dedicarme a cuidar niños, y eso fue lo que me trajo a Europa. Si yo hubiese tenido una carrera tan prolija como fueron mis años escolares, seguramente estaría trabajando de diseñadora; jamás hubiera conocido a "mis niños": a Lucas, a Mateo, a Mael, al Mati. No hubiese jugado con la Mili… jamás hubiera tenido el tiempo de ser la “Ñaña” favorita de la Flo y la Blanca o hasta de la Marti…No hubiera conocido ni a Luca ni a la Franca, Bautista, Santino y Bosco ni al Benjita…No hubiese jugado, acá en Bélgica ni con la Amelia, ni con Bruno, ni tampoco con Enzo y Charlie…No hubiese seguido los pasos de mi ídola Mary Poppins, ni hubiera tenido la oportunidad de usar mi creatividad (que es mi más grande regalo) para hacer a todos esos niños desarrollar la suya y creer en la magia.

Si no hubiese pasado por todos mis struggles de salud mental, repito, no estaría en Europa viviendo la mejor experiencia de mi vida. Conociendo el mundo como jamás imaginé que podría hacerlo. Sintiéndome útil, querida y más bonita que nunca. 

Hoy consciente de todo lo que he tenido que vivir y con la responsabilidad que siento por “escribir tan bien” como me han dicho que lo hago, uso este espacio para visibilizar la importancia de la salud mental. Ya sea desde el quererse a uno mismo sin auto exigirse demasiado, hasta el enfrentar los trastornos como parte de la realidad humana. A entender que todo tiene su lado bueno, como en esa película ganadora del Óscar “Silver Linings Playbook” con Jennifer Lawrence y un Bradley Cooper que tomaba los mismos remedios que yo, en donde me vi reflejada; o en ese capítulo de “Modern Love” (de Amazon Prime), donde Anne Hathaway retrata de manera magistral lo que es pasar del estado maniaco al depresivo, incluyendo en su representación todo el tema de la búsqueda de diagnósticos y ajuste de remedios. Ambas cosas las recomiendo 100%. 


Yo sé que esto está eterno de largo, llevo escribiéndolo como una hora y media (y de algún modo se me borró la primera parte y tuve que reescribirla), pero es que, cómo mencioné arriba, es posiblemente lo más importante que jamás he escrito. 

Y es que para mi es demasiado relevante que se hable de salud mental. Que se entienda que no existe una normalidad exenta de problemas en esta área. Mi ser no bipolar lidiaba con la ansiedad y la onicofagia, basadas en rollos puramente emocionales. Mi yo actual, bipolar, lidia con un trastorno que requiere de medicación, que no es sólo emocional, porque es también físico, aunque no se vea. Porque los trastornos de salud mental no son cosa de voluntad. Son desequilibrios químicos,que escapan de nuestro control y no entenderlos de esa manera, cuando se nos dice cosas como “pero si estás deprimida sólo levántate y dite a ti misma: ¡hoy voy a estar feliz! Hay muchas cosas buenas en mi vida, tengo motivos para ser feliz”, termina siendo muy dañino.

No se imaginan lo doloroso que es para uno no ser capaz de lograr hacer eso. Y también pasa con la manía, cuando me piden que me calle. La impotencia de no poder autocontrolarse, es por lejos lo peor de estos padecimientos.

Por eso requerimos de una sociedad que empatice, porque de otro modo es igual de cruel que decirle a una persona con cáncer: “pero si la mente es muy fuerte. Sólo concéntrate en eliminar con tu mente el tumor y ya vas a ver cómo te curas” 

Como si la voluntad bastara  para alterar el funcionamiento químico del cerebro. Y es qué hay gente que me va a decir que es posible. Que la mente ES así de fuerte, y me van a sacar un caso de uno en mil millones que con el poder de la mente eliminó su enfermedad; sin darse cuenta de nuevo, de lo cruel que es exigirle a una persona común y corriente que replique lo que otra en mil millones logró…


Bueno, termino repitiendo lo que siempre repito. Por un lado, es necesario que hablemos de todo esto para desestigmatizar, por otro, es muy muy importante tomarse el tiempo de encontrar esos “silver linings”. Ese "lado bueno de las cosas".

Y aquí mi favorita, la "actitud de gratitud" tiene todo que ver con lo que digo. Eso de escoger quedarse con lo bueno y lo malo dejarlo sólo como aprendizaje. Porque al final, ha sido tanto tanto bueno lo que me ha traído mi más grande dificultad, que no podría verla como algo pesado. El balde de agua fría que significó esa crisis psicótica que tuve en 2010, que terminó desencadenando mi bipolaridad, terminó siendo el balde que me limpió de prejuicios; el agua que me regaló transparencia, que me llenó de ideas bonitas y la responsable de las mejores vivencias que he tenido. Y jamás de los jamases quitaría ese baldazo de mi historia…

miércoles, 12 de abril de 2023

On being lost at nine and choosing gratitude over bad experiences


I’ve been thinking lately how a lot of people have told me I’m an optimist. Because of things I’ve written or said. And it’s weird for me, because I’ve always thought of myself as a pessimist. But I just realized I am (or was) only a pessimist when it comes to things about my own person. About how I wasn’t good enough for something. Or I would complain about how I’m bad at doing stuff (like sports or sewing…). But on the other hand, if I think about things surrounding me, I guess I am an optimist. And I guess my writings show that. Like the one about not giving up on humanity… and I just came to realize why that’s so easy for me. Or how, I guess.


And just this morning, this memory came to my mind: when I was nine, I got lost in Santiago’s “Plaza de Armas”. A place in downtown Santiago, literally the center Chile’s capital city. A place always full of people, known for its pickpockets, and so, a place definitely not safe for a nine year old girl to be lost. 

As you may know, I come from a big family. We were 6 kids at the time, and I also brought with me my at that time best friend; so my parents were in charge of 7 kids, and we had been to the center of the city kind of as tourists, as we were visiting my grandparents in Santiago (we live two hours away on the coast).


I remember how scary that was. I remember it so clearly. We went into a store and I got stuck looking at some greeting cards, and then when I looked around I saw no familiar faces. I went to the entrance of the store and just stood there crying my eyes out, cause I had lost my family. I was really scared. 

A random woman came to me and asked me what had happened. I told her crying I was lost. Not for one second I thought bad about this woman. I was just a child. So she told me to come with her, that she would help me, and so she took me to the carabineros (Chilean police). 


Santiago’s Plaza de Armas with people


I remember they put me on what I just saw as a police “bus”, and so I went into it and everybody started asking me, worried, what had happened, and why I was crying, with that tone people have when they care. I had no idea all those people were actual “law breakers”, pickpockets or “bad people”. For me they were just people who were there, worried about this little girl crying.

I remember I knew my grandmas number by memory but I was so upset I couldn’t remember it. It was horrible. And this probably only happened in less than a half hour span, maybe less, but I was so scared it felt like more.

Finally, my family had realized I wasn’t there and came to the police and found me safe and sound.


Obviously this is something very memorable in my life, and I will never forget it. And it says a lot about who I am and why I am like I am, cause I also discovered that my family never left without me. The store with the greeting cards (that I thought was a small store) had a door where you entered and you would find the actual store, which was really big, full of stationary stuff, pens, pencils, papers and painting (also coincidentally or ironically my favorite kind of store)... I just never saw this door and instead of going in the store, I was the one who actually had left. So, I was actually responsible of getting lost, but that’s not the point of sharing the story. (Just pointing how I’m usually the one getting myself in trouble since I was a kid)


My point is, that with the clear memory of how upsetting it was to feel lost at just nine in such a place, I have never ever forgotten about all those “criminal” strangers who were actually worried for me. And of course the first nice woman who took me to the police. I guess maybe, subconsciously this is one of the reasons why it’s always been easier for me to empathize with “bad” people. Cause I know, in the end, all people have some good in them. 


And choosing to treasure that part of the story, for me that’s a way to choose gratitude over bad experiences.


And I have so so many examples of this. The most recent one was right here in Belgium. This one is not about people but about circumstances. The context: there were works on the train so there were buses (that took three times as long as the train) to replace the trains. 

I had been to Brussels for the first Sunday of the month free museums, and on my way back I took the wrong bus (all this because I don’t speak the language because I was actually on time to take it). So the one I took didn’t stop at my stop. It didn’t even enter “my town”.  It stopped in the neighboring town. And I had no way of asking the bus driver because I don’t speak French and he didn’t speak English or Spanish. 

But on the ride I met a Spaniard, who sat next to me. Juan Diego (I remember clearly because it’s the name of a dear friend), who was vacationing with his girlfriend and some friends here in Belgium. He was really nice and chatting made the trip feel short. Anyway, I got off the train in the neighboring town, hoping to take a bus in the other direction that would leave me in Waterloo (where I was headed). But the next bus would go straight back to Brussels so it wasn’t useful for me. It was already like 10 pm and I had no idea how to get back “home” and I really really didn’t want to bother my friends, so I didn’t. 

In Braine L’Alleud (the neighboring town) a man who spoke Spanish and helped me ask the bus driver about getting to Waterloo, after the bus driver said “I don’t know how you can get there at this time”, said something like “but Waterloo is not that far…” and he was right, it was like a 50 min walk, so I decided to walk. But it was dark, and I’m a woman, and you know, it’s not always safe to do that as a woman…at least in Chile, so I thought “omg, these things only happen to me….WHY?” , but decided I was doing it anyway. At least Belgium was safer than Latin America (in that sense of being a woman walking alone at night).


But as I started walking, I found myself in front of a huge like plain field. It was dark with a moonlit cloudy sky, and you could see the stars through the clouds. It was beautiful. I thought “I would have never seen this view if all that hadn’t happened to me….” And so, I was grateful. And  in the end it took me just 40 minutes to get home…


(This is a referential picture, not the actual one. My phone could never capture such a thing haha) 

Besides, thinking about it, I had Juan Diego the Spaniard, and the man who spoke Spanish for me, to be grateful for also…

 

All these kinds of anecdotes that “only happen to me” that someone once named “Germanicosas” I realized, are truly the core of my optimism. And it’s that simple, I guess. 

If you find reasons to be grateful, then being an optimist is easy. But as I’ve always stated, it’s a choice. A conscious choice. You need to “let go” (a little bit, cause there’s always something to learn) of the bad, to choose the good and finally, be grateful…


martes, 21 de marzo de 2023

Sobre merecer las cosas y el síndrome del impostor (para mi)



Todos hemos escuchado, en la última década, al menos hablar del "sindrome del impostor”,  que se definió en psicología, además de un problema de generaciones actuales, como esa sensación de no sentirse "digno" de estar en algún puesto de trabajo, a pesar de haber llegado ahí de manera legítima, causada por las inseguridades en las habilidades personales.


Me acuerdo de haber leido al respecto en la revista Mujer o Paula y haberme sentido identificada con el concepto.

En mi caso, no era quizás por ser CEO y no sentirme lo suficientemente buena para estar ahí, pero si tenía mucha resonancia en mi eso de no sentirse suficiente o de sentir que uno "no merece" lo que le pasa. Eso de sentirse como un impostor y el recurrente pensamiento tóxico “no sé por qué la gente crede que soy mejor de lo que realidad soy”…

Como si llegar donde he llegado no tuviese méritos y sólo fuese producto de la suerte o la Providencia. Porque “yo no he hecho nada”, porque las cosas me han llegado y yo he tomado las oportunidades, “entonces no hay nada que merecer”….Y es que en mi caso ese es un sentimiento recurrente. 


Hoy estoy en Europa: llevo un mes viviendo aquí, y digo viviendo porque estoy “asentada” en un lugar y cuido niños y voy a comprar, igual como lo hacía en Chile. Y yo pensaba que estar aquí era sólo suerte; por estar en el momento indicado en la situación ideal para poder hacerlo. Jamás senti que este viaje "me lo mereciera".

Es más, cuando me lo plantearon lo dudé y me sentí mal por no aceptar la propuesta de manera inmediata. En ningún caso (en mi cabeza) me merecia un viaje a Europa cuando había dudado de venir a ayudar a mi amiga aquí (que a eso vine). “No debo ser tan buena amiga como creía” pensaba de mi. Esa" duda" (en mi mente auto-castigadora) no me hacía digna de merecer nada. Y hasta me hizo sentir culpa.

Y no fue sino hasta que mi psicóloga me lo dijo, ya estando aquí en Bélgica, que me hizo sentido: "Date cuenta que te mereces esto. Te mereces disfrutar este viaje. No es suerte o sólo la voluntad de Dios. Te lo mereces por ser tú: por ser buena persona, buena amiga, por entregar a los niños que cuidas algo que sólo tú logras con el amor que pones a las cosas qué haces…”

“Te lo mereces”, la verdad jamás lo había pensado así . Pero eso de "por ser buena persona" me quedó dando vueltas...

Porque mi "no merecer" algo en lo profesional/laboral tiene que ver con mis inseguridades: que no soy tan “diseñadora de vestuario” como tal porque, a pesar de tener un título, no me gusta coser y nunca he trabajado en eso; que no soy lo suficientemente profesional para cobrar mas caro como niñera, aún cando los papás de los niños que cuido sólo los dejan conmigo (si no puedo, a veces no salen); los niños me aman (tanto como yo a ellos) y todos los trabajos que he tenido en esa área son por recomendación, o sea, tengo pruebas de que soy buena y aún así no es suficiente para sentirme "digna''.

Entonces pensé que quizas ese "no sentirme digna" es mi versión del síndrome del impostor.


Porque eso de “ser buena persona” sí me hace sentido.

Puede ser que yo no sea muchas cosas. Que sea ingrata, que sea floja o súper desordenada pero si hay algo en lo que realmente me esfuerzo, es en eso de ser buena persona. Y estoy lejos de ser perfecta, y tampoco quiero o pretende serlo pero  “ser buena” es algo que de verdad me importa. Por eso sí me esfuerzo. 


Entonces pienso que quizás para combatir las inseguridades no nos sirve que nos muestren en qué nos destacamos, si no que sólo hace falta que nos hagan notar que hay algo por lo que luchamos que se nota que lo estamos luchando, y eso, eso es suficiente para hacernos "dignos". Porque muchas veces hasta las pruebas empíricas no son suficientes para auto convencernos de nuestro valor, pero cuando el esfuerzo se nota, significa que estamos avanzando, y si reconocemos avances, podemos al menos reconocernos aunque sea un poco menos impostores…


PD: Como siempre este texto es súper personal, pero espero que resuene con quienes lo lean, especialmente si como yo, batallan con eso de “no sentirse suficiente”.


PD 2: No me vine a vivir a Europa, vine por casi 3 meses, después vuelvo a Chilito por si  a alguien le dio curiosidad.