jueves, 25 de marzo de 2021

Caso SENAME y el dolor de una solución desechada...

 



Aquí niños siendo niños con nostros, la versión adulta no oficial de “amigos de Kanki”
(El árbol era un adolescente de 15 que no se quería disfrazar jajaja)

La situación que reveló el video viral acerca de SENAME, además de sentirse como un puñal al alma, me removió también por otra razón. El 2015, la Corporación Francisco Javier Lagos Olavarrieta, de ayuda al Niño enfermo, nombrada en honor a mi tío Kanki, que falleció de cáncer a los 10 años, fue cerrada después de 25 años de funcionamiento. El motivo: el gobierno decidió que no quería que privados se hiciesen cargo de esa misión.

La corporación nació de un anhelo de mi tío, que en los ochenta, en su último tiempo de vida, le dijo a mis abuelos, después de pasar mucho tiempo hospitalizado, que le gustaría hacer un hogar para acoger a todos esos niños que él veía solos en los hospitales.

Años después de su muerte, unos amigos de mis tatas revivieron la idea y así se fundó la corporación. 

La Corporación, a la que crecí visitando de niña cada vez que íbamos a Santiago. Esa por la cual cuando estaba en primero básico, organizamos en mi colegio (en Viña) el “Club de Amigos de Kanki” donde organizábamos rifas y kermesses para juntar plata para ayudar...

El Club de Kanki lo formamos puras niñitas y un niño. Duró un par de años y fue coronado con una visita a ese lugar por el cual nos juntábamos a ver formas de ayudar.

Cuando me fui a estudiar a Santiago, me tocó vivir a cuadras de la casa de la Corporación, así que decidí volverme una visita regular. La Corporación sólo recibía un máximo de 9 niños, porque la idea era que se sintiera como una casa, en el sentido de hogar. Ahí llegaban niños principalmente de regiones, con todo tipo de problemas de salud. Niños que necesitaban tratamientos especiales, que no podían recibir desde su casa, ya sea por recursos, o distancia, y que usualmente usaban camas de hospital cuando no era necesario que vivieran, realmente, hospitalizados. Así que había niños que se dializaban, guaguitas con problemas al corazón, niños quemados, niños con retrasos, traumas, etc. En definitiva, niños que necesitaban ser cuidados con cariño. Y ese era el lema de la Corporación : “El cariño hace bien”

Y es que la premisa, no sólo era slogan. Era una realidad. 

Para mi, ir a esa casa, era como ir a la casa de mi tío, cosa que hacía de los niños, mis primos. Yo iba cuando tenía ganas de ir. Los ayudaba con las tareas (porque iban al colegio como cualquier Niño), o iba sólo a jugar o a que me dejaran pintarles la cara. Un día hasta me quedé a alojar después de que se me hiciera tarde para volver a mi casa (en ese momento ya no vivía a cuadras). Esa vez, hicimos este cuadro:

En la corporación los niños pasaron decirme “tía”, a tratarme de “Ñaña”, como me dicen los niños de mi vida. Había veces en que yo llegaba a la casa con mis materiales y me sentaba en el comedor a hacer MIS propias tareas con los niños viviendo su vida a mi alrededor. 

Vivíamos a cuadras del Barrio Italia así que más de alguna vez me iba a pasear con un par a ese barrio que me encanta. Me acuerdo de darme cuenta lo poco en cuenta que tenían a las personas con discspacidad cuando la silla de ruedas no entraba por la puerta, o cuando tuvimos que subir la misma silla por las escaleras para poder conocer la tienda de una de mis profesoras de la U. Pero para que cachen, así de cómoda me sentía ahí. Ese era el nivel de cariño y confianza, los que se tienen con familia.

A pesar de todo eso, a veces también tocaban situaciones complicadas. Me tocó una vez hacer calmar a una de las niñas (ya más adolescentes) que se había puesto a discutir con una de las auxiliares y pegaba manotazos de la frustración. Ella tenía mutismo selectivo, así que era muy difícil hablar con ella, porque conmigo al menos, no lo hacía. Me acuerdo de haberle afirmado los brazos, diciéndole que la iba  a querer igual aunque me pegara, así que que parara... hasta que se calmó...

Yo fui testigo, y practicante también del poder del cariño cada vez más sanos. Fui testigo de cómo un Aladin, un Niño símbolo de la corporación que hasta salió un par de veces en la tele en los 90s, cambió su expectativa de vida al llegar ahí. Llegó a la Corporación con 9 años y sólo un cuarto de pulmón. Su diagnóstico era que moriría siendo Niño. Aladin murió a los 22, después de salir de la corporación y vivir su vida  “normal”, trabajando y todo, hasta que Dios lo quiso con él. Este es uno de los casos más concretos del poder del cariño, y es real y tangible.

Por eso indigna. Me indigna escuchar en ese video, el dolor de ese niño. Me duele en el alma. No entiendo por qué con situaciones así el gobierno tomó la decisión que tomó respecto de lugares como la Corporación. No me entra en la cabeza. ¿Es tanto el odio a la clase alta que preferimos que pasen estas cosas antes de que gente que quizás tiene más recursos, pueda usarlos en pro de estas causas? No tiene sentido. Ningún sentido.

Quizás el tiempo de la corporación era ese. Quizás no la hubiéramos podido seguir manejando con los temas familiares que vinieron después (y no es que la sostuviera mi familia, tenía una red de socios, pero la familia estaba muy involucrada). Quién sabe. Lo que sí sé, es que si esa decisión estatal no hubiese existido, al menos seguiríamos intentando curar a través del cariño. Quizás habría menos niños llorando. Quizás habría niños menos enfermos y más felices. Y sólo ese quizás, debería haber sido suficiente...


                              

Muestras de cómo funcionaba “el cariño”  

La foto de la derecha abajo fue de hace un par de años cuando nos juntamos ya cerrada la Corporación 




 

miércoles, 27 de enero de 2021

La hipocresía de la inGratitud: un mea culpa

Ilustración (intervenida) de cathyconnolly en etsy


Hoy, no sé a raíz de qué, me acordé de mi miedo “a que la gente que quiero me deje de querer por ingrata”. 


¡Ah! ya me acordé cómo llegué a eso (¡Bienvenidos a mi tren de pensamiento!)

Estaba pensando en mi inexistente vida amorosa y en qué podría hacerme sonar interesante –que fuera verdad y hablara de mi, obvio–  en mi perfil de Bumble (una aplicación que he usado para conversar con gente nueva en la pandemia)


[no puedo evitar lo que pienso so...] 

Pensaba en que no quería estar soltera a los 30, pero que al parecer tendría que empezar a hacerme la idea de aceptar eso y de que “no es tan terrible”.

Sé que mucha gente va a tener ganas de decirme que todavía soy joven y que las imposiciones de la sociedad... que ellos “encontraron el amors más viejos” y que todo tiene sus tiempos y bla bla; pero mi “sueño” de casarme antes de los 30, en verdad está más ligado a ser mamá antes de los 30 (porque siempre me imaginé como mamá joven, con harta energía para jugar harto con mis niños). 

O sea, más que la idea del “príncipe azul”, tiene que ver con la idea de “la familia feliz” (y joven).


Y en medio de ese tren de pensamientos  me acordé de una de las conversaciones con uno de mis “matches”, hablando en profundidad de la vida (quienes me conocen saben que soy mala para hacer “small talk” y soy fan de las “big/huge/deep/at times lateras” conversaciones), que me preguntó cuál era mi mayor miedo. Yo sin pensarlo le respondí que era que mis amigas dejaran de quererme por ingrata.

Me acuerdo que me preguntó entonces, si era muy ingrata, y yo le dije que no era que fuera ingrata, porque las quería mucho mucho, pero que era pésima para como*, demostrar mi afecto, porque “es que yo nunca llamo a nadie”. Le decía que siempre tengo presentes a los que quiero. Que siempre pienso en la gente que quiero (y me sonrió o dirijo mis pensamientos al cielo, y le pido a Dios por ellos cuando lo hago), pero que nunca los llamo. Yo no llamo a nadie en verdad. Prácticamente nunca. Tampoco soy de empezar las conversaciones por WhatsApp por ejemplo...


Y he pensado tantas veces en esa idea de que “dejen de quererme por ingrata”, que después hasta me siento culpable por haber sido capaz de  creer que la gente que me quiere dejaría de hacerlo. Como dándome cuenta de que esa gente me ha querido y me quiere, lo hace profundamente; de lo afortunada que soy porque esos lazos de raíces profundas con ellos, mantienen ese cariño del que nunca debería dudar; y de que pensar así sería estar subestimando la calidad de los mismos (lazos).


En fin, siempre me acuerdo de esa conversación, que quizás la pregunta no es tan rara (la de los miedos). Pero la verdad es que se me viene constantemente a la cabeza esa idea de mi mayor miedo porque después me di cuenta que en realidad (por lo expuesto arriba) ese no era mi mayor miedo. Que la verdad, y retomo lo de más arriba, mi mayor miedo era no ser nunca mamá. Pero yo siento de corazón, profundamente que Dios me hizo para ser mamá, así que aunque sea adoptando “más vieja” y solterona (si mi destino no era casarme o si no me muero antes 😆), yo VOY a ser mamá.


Pero en fin, y ahora retomando ese primer miedo que se me vino a la cabeza (que debería ser la idea principal de este escrito, y no la de “yo y ser mamá”), el miedo de la ingratitud, recién ahora (imagínense con todo lo que yo he escrito y predico de la gratitud) me di cuenta, o asimilé, más bien, que la in-Gratitud, era precisamente eso: lo contrario de la gratitud. Me di cuenta, de cuantas veces he hablado de lo potente que es un gesto concreto de gratitud con extraños y que no estaba aplicando los mismos principios con la gente que más quiero. 


Porque de que agradezco desde el fondo de mi corazón el tener las amigas que tengo, los hermanos que tengo, en fin, la familia que tengo; de eso no hay duda. Pero acabo de darme cuenta (son las 9:30 am) de que el principio, las bases de la existencia de mi proyecto gratitud, de mis tarjetas de gratitud, era y ha sido siempre el transformar la gratitud que damos por sentada, en un gesto concreto. Y me di cuenta recién, que yo no estaba cumpliendo con mi propia propuesta. 


Por eso hago un meaj culpa. Por eso les pido perdón, en especial a aquellos que siento que les debo la más inmensa gratitud. A quienes nunca llamo y debería. A quienes hasta he ignorado a veces. A mis amigas del alma, a mis padrinos, mis abuelas (🥺 todavía se me estruja el corazón de pensar que no me quedan Tatas aquí abajo), en fin, mi familia de sangre y a la del corazón; a quienes me han dado su su tiempo, su oreja, su cariño, y quizás yo no he hecho lo mismo. Sepan que de verdad siento una inmensa gratitud hacia ustedes.


Voy a intentar esforzarme por mejorar en este aspecto. Voy a intentar ser más yo quien empiece las conversaciones, o quien haga la primera llamada. De verdad, lo pongo aquí como prueba y declaración de conocimiento público. Me lo pueden sacar en cara más adelante si no cumplo, les doy permiso jajaja.


Los quiero, los pienso, y de cualquier manera, seguiré sonriendo y mirando al cielo cada vez que se vengan a mi memoria.


Y gracias corazón siempre por leer estos textos eternos y espero, no muy lateros. 


*Tío Orlando, le dedico esta muletilla a usted y a todos los recuerdos de su cara cuando contaba cosas en la mesa sobreutilizándola y me tupía porque me daba cuenta que no sabía hablar bien sin ella jajajajaja


PD: Hoy cumple años la familia Campos Calvo. Están de Aniversario la Ita y el Tata Alejandro. Mis abuelos paternos. Les dedico especialmente a ellos estas palabras. Al Tata que estoy segura, por primera vez se va a agachar desde una altura aún más grande que la usual, para darle un beso y acompañar a nuestra Ita amada🥺💝. Gracias eterno al cielo Tatita por SER 🕊🌻 

sábado, 9 de enero de 2021

¿Y si cada persona fuera un Universo?


Gratitud al Creador, a nuestra pequeñez y a la inmensidad del cielo.


Este finde pasado me fui roadtripeando con mi mamá, mi abuela y Marion, la “gemela” alemana de mi mamá al Valle del Elqui. 

Desde siempre he amado las estrellas y desde ese mismo siempre, cada vez que me encuentro bajo un cielo estrellado, intento darme un tiempo para echarme sólo a contemplarlo. 


(Empecé este texto en Octubre de 2018 y sólo escribí eso...continuó con la reflexión hoy, en enero de 2021, una vez, más bajo el cielo estrellado del Valle del Elqui)


Y así, situada bajo un manto de estrellas, no puedo evitar volver a notar y reforzar la conciencia de nuestra pequeñez. Lo insignificantes que podemos llegar a ser frente a la inmensidad infinita del Universo. Miro las estrellas y pienso en la distancia. En esas distancias de años luz, tan distantes, que hacen posible convivir en un mismo momento el pasado y el futuro. O el presente más bien. Y es que se supone que esas estrellas que vemos están tan lejos (no sé si todas) que si pudiéramos teletransportarnos hacia ellas, no las encontraríamos, puesto que por su lejanía, la imagen que vemos nos llega con delay.

O sea, si lo pensamos al revés, si pudiéramos teletransportarnos a alguna estrella de nuestra elección, el llegar a ella significaría haber viajado en el tiempo. ¿Que loco no?


Me acuerdo que cuando iba en séptimo básico, mi mamá me explicó esto. Me dijo que si viajáramos a una estrella, iríamos al pasado. Yo recuerdo haberle comentado eso a mi mejor amiga (esto hace 16 años...y es la misma amiga querida de hoy) y que en alguna clase, ella levantó la mano y dijo eso, y el profesor le dijo que “¿de dónde había sacado eso?” Y el resto de la clase se rió de ella. Recuerdo haberme sentido horrible porque “era mi culpa”. Hoy me da un poco de rabia la poca creatividad de ese profesor para entender eso que mi mamá me dijo y que mi amiga trató de explicar.


En fin, volviendo a ubicarme bajo las estrellas, como decía, es inevitable pensar en esas cosas existencialistas.

Lo vasto de lo que nos rodea nos puede hacer sentir grandes, por ser parte de algo tan maravilloso pero a la vez, vuelvo a repetir, nos recuerda nuestra pequeñez.


Pienso en la concepción de la Creación Divina, en Dios y cómo lo veo yo. Cómo lo creo yo. Pienso en que se supone que somos “su imagen y semejanza”. Pienso en cómo siempre hemos creído que somos los más importantes. 

Pienso en lo vasto de la creación, en otras galaxias, en lo complejo de todo. Pienso en los extraterrestres. Pienso que no podemos “estar solos”. No podemos “ser los únicos”. ¿Para qué tanto Universo, tantas galaxias, si “lo importante” (supuestamente) ocupa sólo el lugar de un punto azul.

Pienso entonces, si habrán otras Tierras, en otras galaxias. Si habrán otras u otros como yo, haciéndose las mismas preguntas. 

Pienso en Jesús, y si su historia sería igual para los “extraterrestres” o si habrán otras versiones de Jesús. 

Pienso que pensar así, quizás no se ajuste a la historia según la Iglesia (católica), pero al mismo tiempo recuerdo las palabras del cura en la última misa a la que fui (virtualmente, hace una semana). “Nadie es dueño de la verdad. Sólo Dios tiene la verdad; y nunca deberíamos creer que sabemos cuál es esa verdad, porque nunca la sabremos, puesto que le pertenece a Él”. 

Y no veo eso como que Dios tenga el monopolio de la Verdad y nosotros no podamos conocerla, pero imagino que es algo tan inmenso/importante/relevante/complejo que nuestra humanidad es simplemente incapaz de alcanzarla.

Y en ese misterio de la Verdad, cabe todo mi intrincado pensamiento. 


Todos esos cuestionamientos, que sé jamás podré responder, me hacen pensar y seguir pensando.

Pienso en las imágenes de la Vía Láctea, pienso en que no entiendo realmente cómo “sacan” esas imágenes, y al igual que me pasa con las cámaras fotográficas, me gusta pensar que ahí hay magia. Sé que todo es ciencia, física y química principalmente en lo de las fotos; pero me gusta la idea de la magia de inmortalizar un recuerdo, un momento, un paisaje, una galaxia.


Pienso entonces en esas imágenes de nuestra galaxia, y pienso en esa imagen (que acabo de aprender, es de una nebulosa) que comparan con un iris, o sea, un ojo humano.



Y no puedo evitar pensarlo ¿Y si cada persona fuera un Universo? ¿Y si con los universos fuera todo como las muñecas Rusas (uno adentro de otro, adentro de otro, adentro de otro, etc), y en cada mirada contuviéramos una galaxia? ¿Y si entonces, estuviéramos constantemente compartiendo con extraterrestres? ¿Y si los extraterrestres no fueran más, entonces, que lo qué hay en lo profundo de cada ser? 


No sé mucho(o sé nada) de astronomía, pero sé qué hay tantos misterios como para que esto pueda ser... 

Pienso en los hoyos negros, y qué podrían significar, en una realidad de miradas galácticas. Pienso en lo complejo de todo, en lo poco que sabemos. En lo mucho por descubrir. Vuelvo a pensar en nuestra pequeñez. 

Miro al cielo, y contemplo el manto de estrellas. Pienso en el Creador. Pienso en cada detalle. Me lo imagino pintando un lienzo eterno, que nunca acaba porque todo cambia y entonces hay que volver a pintarlo. Pienso en lo maravilloso de esa pintura. Pienso en el Creador y en sus manos. Pienso en sus manos y agradezco por las mías. 


Mis manos que aunque en tan menor escala, pueden crear; pueden pintar, pueden escribir. 

Pienso en el Creador y veo su obra. Pienso en la inmensidad del cielo y no puedo más que agradecer...




domingo, 20 de septiembre de 2020

Kobe, Bono, Malala, Julio, Chadwick, Gaudí and my mom. What do the y have in common? In my eyes, they are all Saints. How? I’ll explain here...

 

Illustration and words by Morgan Harper Nichols 

(Translation of/ traducción al inglés de https://agradeceresgratis.blogspot.com/2020/09/kobe-bono-malala-julio-chadwick-gaudi-y.html)

If we think about word “saint”, I’m pretty sure 90% of us, think about those religious men or women we find inside a church, or in the little stamps someone in need would offer us in a bus ride when in need for some change. We think of peculiar, extraordinary leading life people. We think of altars, and characters with people devoted to their lives. For most of us, being a Saint is something unreachable.

But you know what? Sanctity is not that. Not in the way the Catholic Church has taught me at least. Sanctity is something much simpler, and really much more reachable. And we are ALL, no matter what we believe in, called to be saints.

How? You’ll wonder, dear reader. How could something so attached to Catholicism be universal?

Let’s start with the fact that the word “catholic” literally means “universal”, and although in many aspects the Catholic Church doesn’t seem to be very much universal, the foundations of it are completely and absolutely universal. But this is not about the church, or religion; this is about universal sainthood. And know I WILL explain where I’m going.

First, if we think about Jesus’ message objectively, we could say, in few words, that we are all called to LOVE. Jesus set that straight; that LOVING is by far the most important thing. And that, my friends, is pretty universal. And for me, that say “God is Love” is all about that.

So, if we are meant to Love, we can understand that Love has to be foundation of our lives. That is Love (the one with capital “L”) the one that should guide our actions, because when we let it; when whatever we do we do with Love, that’s when we reach our plenitud of Self. That’s when we are ourselves in the most pure way. In our passions, in doing what we love, we find our calling, and in that, we find what we were actually “created for”.

And how it’s been said before, almost as a cliché, everyone is unique and irreplaceable. Every single person, comes to Earth to do something nobody but them can do. And all of those unique things, are our vocation, our calling.

So summing up, we could say that Loving, means bringing our calling to life. It means to actually do what we were designed to do.

Now, what do all those names of famous people, or your friend Julio, or even your mom have to do with all this? You’ll wonder...

Well, all those people are or have been true to their callings. And that, as simple as that, is actually what being saints is all about. For the church, in doing that, and because of the conception of God as the Creator, you are fulfilling God’s will. A God, that by giving us freedom of choice, has defined since the beginning of times each and everyone of us’ mission on Earth. And that’s all about being Saints. That IS Sanctity.

That’s why I believe we are all called to live saint lives. That’s why I believe this is all so universal. For example:

Kobe Bryant, came to Earth, I believe, to love basketball. To give his life to that sport, to that passion, which led him to even win an Academy Award (crazy right? I wrote about it a few entries back). 

He used his passion to educate, and through it to help those who needed it, when he could. And he wasn’t a perfect man. This is not about being perfect. He made mistakes, but he faced them, recognized them, and apologized.

Bono, on the other hand, is still alive, but throughout his entire life, he has used his success as a musician (as the lead singer of U2)  as a resource to do many philanthropic actions. He has been an exceptional men. And I know first hand, by a friend who’s a chef and had the honor of serving him, that he is also a kind person. This friend told me Bono was one of the nicest people he had served, saying that he had called him to greet and thank him for the meal, and he was an honestly humble dude, with no airs of superiority whatsoever.

Malala Youzafzai, Nobel peace price youngest laureate, with only two decades of life, has dedicated and even risked her life (she was literally shot in the face because of her activism) to fight for girls right to education, passionately, without even hesitating when almost losing her life. 

My friend Julio, who died of cancer at only 27 who left in his third of a lifetime everything and more of what you leave in a “full life”. He loved and was loved. A man with a contagious and super loud laughter, passionate about his football team (Santiago Wanders), loved by many. Without a doubt, he had a fulfilled life. Even when his dad would tell me he wasn’t perfect (and I know that), for me, he was still a saint.

Recently passed Chadwick Boseman, the king of Wakanda; Who would have thought he played that part while battling cancer. 

It’s amazing to see how the effect of someone’s passing on who they left behind speaks of that person’s greatness. Chadwick, through his job, did something historical for the black community. He left a legacy like non before. An icon, a superhero for his community to admire, to see themselves in. All that, tied to his way of enjoying life with calmness, enjoying it as in flowed, without greater complications. All of this things for me talk about someone saint.

Then there's Gaudí, “Don Antonì” as I call him, who gave his entire life to what he believed God had sent him to do. He gave his life to art and architecture, breaking boundaries and creating completely different ways of conceiving buildings. And he lived through his love of God. He was actually a Catholic, and as I said, he really wanted to do what he felt God wanted for him. The Sagrada Familia is proof of that.

And last but not least, “tía Pochi”, “Pochi” or “Germana” for her oldest friends, for me, my mom. She’s going to read this and say “I’m no saint”, but that’s just a sign of sanctity, as I’ve told her before (She literally read this, called me and told me “thanks for writing this, it’s beautiful, but please take me out of it, I’m embarrassed and now I won’t be able to share it with my friends”)

And although she may not feel worth of the title, the countless people that have been touched by my mothers love, from her 8 kids, to all the people she has helped in various volunteer work things, every person she has taught to play guitar, math, to cook, among others; all the people she has given Christmas cookies, from people from the vegetable and fruit markets and countless toll booth workers; the way she herself plays the guitar, and so so many more things, make my mom a living saint. Is she perfect? No she’s not. Nobody is. She stresses out so much more than needed, she has this guilt thing when she is not guilty of anything that drives me crazy. We argue A LOT. She gets mad, she grounds us. She’s perfectly imperfect, and 100% human, and with all that, in my eyes, and in many other people’s, she’s a saint.

So you see? We are all called to be Saints, and it doesn’t have to be that hard. Cause we are all called to truly BE. We are all called to live the life we were made for. Cause the puzzle of life can only be complete if each one of us IS. If each one of us LOVE and if we live by LOVING, we will fully BE.

So now you know it, let’s find that sainthood. Let us be beings of light who live for Love. Let’s do what make us happy. Let’s live our passions and enjoy every, from the tiniest to the biggest things, that make us smile, for life is meant for all those things, so let’s love life and let’s all be Saints!

PS: After a chat with an aunt who couldn’t understand why I was writing about saints, I realized, that apparently I didn’t clarify that all of this that I’m writing is just my opinion (as everything on this blog) on what I understand being a saint means. I’m not at all saying “official” saints are less admirable, and I know I’m “no one” to declare regular people saints. But I honestly believe in what I’ve written and I feel and hope that the way I explain what truly leading a saint life means for me, makes a lot more people actually want to be saints, just like I do. Because isn’t that what we all should aspire to be?

PS2: I also see my writings as part of my own “calling” and a lot of times I believe I can like, feel the breeze of “the White Dove” blowing into my ears words that are not truly mine. And that makes sharing “my thoughts” much more valuable for me, I guess...


miércoles, 16 de septiembre de 2020

Kobe, Bono, Malala, Julio, Chadwick, Gaudí y mi mamá. ¿Que tienen en común estas personas? A mis ojos, son todos Santos. ¿Cómo así? Aquí les explico.


Si pensamos en la palabra “santo”, creo que al 90% de nosotros se nos vienen a la cabeza esas imágenes de señores o mujeres religiosas que encontramos dentro de una iglesia, o en las estampitas que nos entrega(ba) en en la micro, alguna persona necesitada de alguna moneda. Pensamos en gente peculiar, con vidas extraordinarias. Pensamos en gente de altares, gente con otra gente devota de sus vidas. Para la mayoría, un santo es un ser lejano e inalcanzable. 

Pero ¿saben qué?, eso no es la santidad. No como la enseña la iglesia (Católica) al menos. La santidad es algo muchísimo más simple, y realmente muchísimo más alcanzable. Y todos, independiente de nuestro credo, estamos llamados a ser santos. 

¿Cómo? Te preguntarás, amigo o amiga lector/a. ¿Cómo va a ser que algo tan ligado a la religión católica sea universal? 

     

Partamos por el hecho de que la palabra católico, literalmente significa “universal” y aunque en muchos aspectos no pareciera serlo, las bases del catolicismo son completa y absolutamente universales. Pero esto no es sobre la iglesia. Es sobre la santidad universal. Y ahora sí que sí les explico para dónde va esta micro.

Primero. Si pensamos en el mensaje de Jesús de manera objetiva, podemos decir ,en pocas palabras, que todos estamos llamados a “AMAR”. Jesús dejó claro que AMAR era lo más importante por lejos. Y eso, es universal. Y para mi, ese dicho “Dios es AMOR” hace referencia a lo mismo.

Entonces, si estamos llamados a Amar, podemos entender que el Amor debe ser la base de nuestras vidas. Que es el Amor (el con mayúscula) el que debiera guiar nuestro actuar, pues cuando hacemos (cualquier tipo de cosa) con Amor, es cuando alcanzamos la plenitud de nuestro ser.

Y ahí viene lo segundo, Amar es SER en plenitud, porque cuando uno ama algo o a alguien, es cuando uno es más uno, valga la redundancia. En nuestras pasiones, en lo que amamos, se encuentra también nuestra vocación, y en nuestra vocación, encontramos aquello para lo que fuimos creados.

Como se ha dicho, que ya casi es cliché, cada persona es única y e irrepetible. Cada persona, viene a la Tierra a hacer algo que nadie más que ella puede hacer. Y todos esos “algos” propios de cada persona, son finalmente su vocación.

Entonces, podemos resumir con que Amar, significa hacer vida nuestra vocación, es decir, Amar nos hace cumplir aquello para lo que fuimos diseñados. 

Ahora, ¿qué tienen que ver todos esos nombres de famosos y de tú mamá o de tu amigo Julio, con todo esto? Bueno, que todas esas personas, son o han sido fieles a sus vocaciones. Y eso, así de simple, es ser Santo. Para la Iglesia, el vivir esa vocación significa, por la concepción de un Dios creador, en cumplir Su Voluntad. Porque para los creyentes, es Dios, quien dándonos libertad, ha definido desde todos los tiempos la misión que cada uno tiene en la Tierra. Y vivir en función de lo que el Creador ha preparado para cada uno, ESO, es la Santidad. 

Y creo que por eso, el llamado a ser Santos y Santas es completamente universal. Porque creo que Kobe Bryant, vino a la Tierra a amar el basket, a dar la vida por esa pasión, que lo llevó hasta a ganar un Oscar (¿muy loco, no? Escribí de eso unas entradas más atrás), y a través de esa pasión, se preocupó de educar; a través de ella, pudo ayudar a quien lo necesitase. Y no fue una persona perfecta. Cometió errores, pero tuvo el coraje de enfrentarlos y de pedir perdón.

Bono por su parte, que sigue vivo, ha usado durante toda su vida, su éxito como músico (es el líder de U2) como recurso para hacer una enorme cantidad de acciones filantrópicas. Ha sido un hombre excepcional, y hasta, tengo un amigo chef que concinó para él y que recuerda haber sido una de las personas más amables en pasar por su restaurant. Recuerda que lo llamó para felicitarlo y que era una persona sin aires de grandeza, realmente sencilla y cercana.

Malala Yousafzai, la Nobel de la Paz más joven de la Historia, con apenas dos décadas de vida, ha dedicado su corta vida a luchar por la educación universal de las niñas. Se ha entregado y ha arriesgado su vida literalmente —recibió un balazo en la cabeza por defender sus ideales— y sin dejar que eso la detenga, por aquello que la apasiona.

Mi amigo Julio, que falleció de cáncer tan sólo a los 27, dejó en ese tercio de “vida normal” todo y más que lo que se deja en una vida “entera”. Fue un hombre amado y amador. De risotadas fuertes y contagiosas, apasionado por su equipo de fútbol favorito (Santiago Wanders), querido por tantos. Tuvo una vida corta, pero sin duda completa. Y aunque su papá me recuerde que no era perfecto (que lo sé) para mi Julio es santo.

El recién fallecido Chadwick Boseman. El Rey de Wakanda. Quién se hubiera imaginado que ese papel lo hizo en medio de una lucha contra el cáncer. 

Es increíble ver cómo el efecto en los que quedamos acá de una persona que fallece “antes de tiempo” nos habla de la grandeza de esa persona. Chadwick con su trabajo, hizo algo histórico para la comunidad de color. Dejó como legado algo que no existía ante de él. Un ícono de superhéroe como ningún otro, que por primera vez dio a los niños (y adultos) de su comunidad, una figura que admirar, alguien con quien se pudieran sentir identificados. Eso además de su pasiva forma de vivir la vida con calma, disfrutando aquello que llega sin grandes complicaciones. Totalmente una persona merecedora de ser catalogada como Santa.

Luego está Gaudí. “Don Antonì” como me gusta decirle, entregó su vida a su pasión por el arte y la arquitectura. Rompió esquemas y desarrolló formas de crear construcciones de estilos completamente distintos a lo hasta entonces creado. Y vivió en función de su amor a Dios. El sí era católico, y dio su vida a hacer aquello que él sentía que Dios le pedía. La Sagrada Familia es una muestra de eso.

Y por último, la tía Pochi, o la Pochi a secas, o la Germana para quienes la conocieron más joven; para mi, mi mamá. Que va a leer esto y va a decir “yo no soy santa”, pero eso es una señal de santidad, como yo le he dicho mil veces antes. Y aunque ella no se sienta digna de llevar el título, las incontables personas que han sido tocadas por el amor de mi madre, desde sus 8 hijos, hasta las personas a quiénes ha hecho clases de guitarra, de matemáticas, de cocina...; las personas a quienes ha ayudado en diversos voluntariados, los caseros de la feria a quienes lleva galletas para Navidad, los peajistas a quienes entrega huevitos de chocolate para pascua; el amor con el que toca la guitarra; todo eso y muchas cosas más, hacen de mi mamá una santa en vida. ¿Si es perfecta? No. Nadie lo es. Ella, además de todo eso, es ultra más estresada de lo necesario. Carga una culpa cuando no la tiene que me desespera. Con ella, porque soy terca, discuto mucho, de diferentes cosas. Nos reta... es 100% perfectamente imperfecta. Es humana. Y con todo eso, es santa.

¿Se dan cuenta? No es tan complejo. Todos estamos llamados a ser Santos. Todos estamos llamados a SER en plenitud. Todos estamos llamados a vivir aquello para lo que fuimos pensados. Porque el puzzle de la vida sólo de completa si logramos, cada uno, SER. AMAR y amando, SER en plenitud.

Así que ya saben, a buscar esa santidad. Seamos seres de luz, que vivan en función del amor. Hagamos lo que nos hace felices. Vivamos nuestras pasiones, y disfrutemos todo aquello, grande o pequeño, que nos haga sonreír, que la vida es para eso. ¡AMÉMOSLA y seamos Todos Santos!


PD: Después de una conversación con una tía abuela que no podía entender por qué yo estaba escribiendo sobre los Santos; me di cuenta, que aparentemente no aclaré, que como todo en este blog, lo que escribí es mi opinión, en este caso acerca de lo que entiendo es la santidad. No estoy de ninguna manera quitándole crédito a los Santos “oficiales” y tengo clarísimo que no soy quién para estar declarando santas y Santos a gente “común y corriente”. Pero sí creo honestamente en lo que escribo, y espero que mi forma de explicar lo que para mi es llevar una vida santa, haga que muchas personas quieran, como yo, aspirar a la santidad. ¿Porque no es a eso a lo que estamos todos llamados?

PD2: También yo veo mis escritos como parte de mi vocación, y muchas veces, casi que siento La brisa de la Palomita Blanca en mi oído, que me sopla palabras que no son realmente mías. Y eso hace que compartir “mis pensamientos” adquiera aún más valor...para mi al menos, supongo... a 



sábado, 8 de agosto de 2020

Tengo una voz, no voy a callar. Tengo palabras, las voy a usar



Hace muchísimo tiempo que no escribía. Como saben lo buena que soy para pensar , masticar y rumiar reflexiones, quizás la Pandemia era la oportunidad perfecta para aprovechar al máximo este blog.

Ha habido desde el principio, tanto que decir. Pero por ser tanto se me hacía imposible atacar el tema, tomar una arista. Pero hoy día estoy inspirada (por eso todo me está saliendo en rima jajaja)

La llegada del COVID terremoteó a la humanidad completa. Cual película de ficción, nos atacó un alien que nos debilita de a poco, quitándonos energía, irrumpiendo en nuestro día a día; para tantos robando esperanza, llevándose vidas.

Sin embargo otras cosas florecen, la naturaleza respira, volvemos a los afectos, valoramos la familia.

Y en medio de todo esto está mi Chile herido, que con el alma desgarrada después del estallido, se replantea las cosas, ahora la lucha se mueve de las brechas sociales, a la salud, a querer mantenernos con vida. Y así, sentimos retroceso, los políticos no acuerdan, el diálogo no predomina y todo esto se le suma, que por ser mujeres, tantas pierden la vida.

Se vuelven a alzar las voces, somos nosotras ahora gritando, vemos morir a nuestras hermanas, parece no haber forma de remediarlo. Pero el fuego que llevamos dentro es muy difícil de apagar. Lo nuestro es fuerza de espíritu, no de cuerpo, esa es nuestra bandera, el valor de nuestro aporte, nuestra pieza del puzzle que completa la humanidad.

Mujeres dadoras de vida, hemos sido las encargadas de criar, a todos aquellos que dicen que ser mujer es fragilidad. No se dan cuenta de nuestro fuego, que sin él ellos tampoco pueden brillar; que nuestras vidas son preciadas, no las deberían ni tocar.

Hay mujeres que perdieron. La justicia les falló. Y hoy quienes las mataron no parecen necesitar pedir perdón. La rabia empieza a llenar nuestras almas, no hay justicia, no tenemos libertad. Queremos poder andar solas, sin miedo a que nos puedan violar. 

Pero vuelvo a nuestro fuego, la venganza no es carta, sería volver atrás, porque de nada nos sirve odiar; y cual madre con sus hijos, sólo queremos educar. Educar en igualdad, es respeto, en libertad. Que nuestros cuerpos  son nuestros, que no se pueden aprovechar. Que “la culpa no era mía” porque nadie, absolutamente nadie merece ser pasado a llevar, nadie merece ser pisoteado, nadie merece ser violado.


No quiero ser más

sólo busco equidad 

Los mismos derechos 

que me traten como igual

Poder caminar sin miedo

Y sentirme en libertad

[extracto de mi “Canción Feminista”]


lunes, 27 de enero de 2020

By BYE Kobe

Aquí, con su mujer, después de recibir el Oscar por “Mejor Corto Animado” con “Dear Basketball”

Como saben quienes suelen leerme, me encanta hablar/escribir de la muerte.


Y no es que haya en mi algo morboso o "raro", sino que como lo he declarado mil veces antes, por la fe que tengo, para mí morir es sinónimo de volver a Dios. De volver al Primer Origen, del cual venimos, para hacernos uno con ese Creador. En el fondo, para mí morir es volver a Dios y con ello, ser más parte de él y de algún modo, SER Dios CON ÉL...


Por eso y porque la muerte es la única certeza de la vida es que nunca nunca le he encontrado sentido al miedo a morir. Menos si uno es creyente. Porque los creyentes se supone que creemos que Diosi es infinitamente misericordioso por ende, SIEMPRE  nos va a poder perdonar, lo que para mí es sinónimo de que todos nos vamos al Cielo (sorry Doctrina de la Iglesia, en eso no concuerdo contigo...)


Hoy el mundo lamenta la trágica muerte de Kobe Bryant. Una leyenda del basketball de EEUU, que es tal leyenda, que es reconocido mundialmente por un deporte que no es como el fútbol donde realmente, se practica MUNDIALMENTE. El basket es más gringo que otra cosa (no me vengan a sacar a los chinos o a Ginobili que si sé que se juega en el mundo pero no es tan popular como el fútbol digo yo...)

Kobe murió junto su hija de 13 años Gigi, junto a otras 7 personas en un accidente de helicóptero tan sólo a sus 41 años, dejando atrás a una viuda y dos hijas más. Un padre cariñoso, un hombre noble. Hasta ganó un Oscar por un documental creo, que produjo el 2018 creo... Me acuerdo de mi sorpresa al ver a este gigante basketbolista yendo a recibir la estatuilla en un contexto nada que ver con el suyo usual (“What? Qué hace Kobe Bryant ahí?” Pensé...). Y como olvidarse de la tremenda sonrisa de la foto de arriba...

Kobe fue un hombre fiel. Fiel con su familia, con su equipo...
Sus 20 años de carrera profesional los entregó a los Lakers de Los Ángeles. Fue un hombre de fe (recién con todo lo que ha salido de él descubrí que era católico como yo) y de esas personas que se nota no tienen delirios de grandeza. A pesar de su porte, su mirada y sonrisa eran de alguien sencillo.

De basket yo no sé mucho, por no decir nada, pero de reconocer la grandeza de la humanidad, creo que para eso Diosi si me regaló algo de herramientas extra.

Kobe Bryant, la ahora leyenda, es una prueba más de mi teoría de la vida y los misterios de las muertes "prematuras". Y es que su caso  no hace más que confirmame aquello que mi querido amigo, San Julio (Torrejón), el Benja y "Matus", y personas como Javier Suárez, o hasta mi tío Kanki me demostraron. La gente que muere "antes de tiempo" es sólo gente extraordinaria, capaz de completar el juego de la vida en menor tiempo. Para mí, son ellos los Santos de la Vida diaria. Aquellos que alcanzan el objetivo que se les dio para hacer en la Tierra, siendo ”extraordinariamente ordinaries” como diría el Padre José Kentenich...

Así que cuando digo By BYE Kobe (y no bye bye) es por que al decir BYE, (by saying bye), no quiero que ese "Chao" sea un adiós; un hasta nunca; si no un aDios, hasta siempre...

¡GRACIAS KOBE!
#BlessYourEternity
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Este es el corto que le mereció la preciada estatuilla dorada
Con ustedes, Dear basketbal...